Hay voces que no necesitan reinventarse. Solo necesitan el momento correcto para hablar otra vez.
El 16 de enero de 2026, Richard Marx lanzó After Hours, un álbum que no busca competir con el ruido moderno, sino sobrevivirlo. Es un disco construido desde el silencio, desde la reflexión, y desde la perspectiva de un artista que entiende el peso del tiempo.
Grabado entre sesiones nocturnas y procesos creativos sin presión comercial, After Hours presenta a Marx en su forma más vulnerable y controlada. No hay prisa en estas canciones. Cada nota parece colocada con intención, cada letra con la claridad de alguien que ya vivió las historias que antes solo imaginaba.
Un sonido que no pertenece a ninguna época
Lejos de perseguir tendencias, el álbum abraza los elementos que definieron su legado: piano dominante, guitarras limpias y esa voz que aún conserva la capacidad de transmitir melancolía sin esfuerzo.
Pero hay algo diferente.
Este no es el Richard Marx que cantaba sobre el amor como promesa.
Es el que canta sobre el amor como memoria.
Las composiciones exploran temas de distancia emocional, redención personal y el paso irreversible del tiempo. La producción es minimalista, dejando espacio para que la interpretación respire.
El regreso de un narrador
Durante más de tres décadas, Marx ha sido responsable de algunas de las baladas más reconocibles de la música contemporánea. Con After Hours, no intenta revivir ese pasado. Lo reconoce. Lo observa. Y luego sigue adelante.
Fuentes cercanas a la producción describen el álbum como “una conversación privada convertida en música”.
No es un disco diseñado para estadios.
Es un disco diseñado para las horas en que nadie está mirando.
Una nueva etapa, sin despedidas
El lanzamiento marca un nuevo capítulo en la carrera del artista, confirmando que su voz — tanto literal como creativa — sigue intacta.
No hay declaraciones grandilocuentes. No hay campañas excesivas.
Solo canciones.
Y en 2026, eso parece suficiente.